22/10/2020

La docencia es una de las actividades más contradictorias en la sociedad: a la vez que se la identifica como la respuesta a grandes problemas contemporáneos, en Latinoamérica no goza de un alto grado de reconocimiento social y arrastra distintos mitos negativos. La Universidad de los Andes ofrece opciones para reivindicar esta labor.

Desde 2002, con la expedición del Estatuto Docente, Colombia ha introducido mejoras significativas en la remuneración y otros cambios en la carrera docente. Sin embargo, la transformación debe ser más profunda, incluyendo una formación pensada para la trayectoria completa, desde el ingreso a las escuelas de pedagogía hasta la jubilación.

Lo dicen Eduardo Escallón, decano de la Facultad de Educación de Los Andes, y Hernando Bayona Rodríguez, profesor y director de prácticas de esa dependencia, quienes conocen el papel principal de la docencia en las sociedades: es la encargada de transmitir los conocimientos y está llamada a ser la piedra angular en la solución de distintos problemas, pero está subvalorada.

“Por poner dos ejemplos: la educación es mencionada como la respuesta a la inequidad y la que nos llevará a superar los problemas ambientales y la amenaza del cambio climático —comenta Escallón—. Los profesores están en el centro de la solución de problemas complejos y multidimensionales del mundo contemporáneo; pero no pasa lo mismo con el reconocimiento a su labor”.

En el caso colombiano, se espera que se encargue de acabar con la inequidad y el maltrato, mantener la memoria histórica, detectar casos de abuso y violencia intrafamiliar y estar pendiente de la nutrición infantil. “Incluso, en algunas regiones, enseña a los niños a evitar minas quiebrapatas”, complementa el decano. En otras palabras, socialmente se le exige cumplir con gran cantidad de funciones externas a su labor, una realidad muy similar en otros países de la región.

El camino a la dignificación

En los últimos 15 años en Colombia, la labor docente ha ganado relevancia entre investigadores y hacedores de política pública, gracias a que se ha comenzado a medir cuantitativamente la relación entre los buenos educadores y el desarrollo social y económico de los países. Ya se han identificado casos de éxito en Europa y Asia, “donde apostaron por aumentar las exigencias de quiénes pueden ser maestros y la convirtieron en una profesión altamente respetada y atractiva”, enfatiza el profesor Bayona.

Los avances se reflejan en mejoras significativas en la remuneración y unos cambios en la carrera docente, a partir del estatuto docente de 2002; sin embargo, estas solo se aplican a aquellos que ingresaron a la profesión a partir de ese año y que, además, trabajan en instituciones públicas.

 


“Si se comparan con otras profesiones, los maestros tienen salarios iguales o mejores, con la diferencia de que un docente gana lo mismo en cualquier parte del país, incluyendo las zonas rurales”, señala Bayona. De acuerdo con el Decreto 319 de 2020 del Ministerio de Educación, por medio del cual se regula la remuneración de los servidores públicos docentes de preescolar, básica y media, el salario de enganche de un licenciado es de $2.209.679 pesos, sin estudios de posgrado, cifra que puede ascender hasta los $8.348.301 si se cuenta con doctorado y otros requisitos. “Lo que pasa es que, a largo plazo, en la carrera docente no se alcanza a tener tantos ingresos como en otras profesiones, pero los salarios son muy competitivos”, sentencia Escallón.

 

No ocurre igual con los maestros cobijados por el estatuto anterior (Decreto Ley 2277 de 1979), cuyos salarios oscilan entre $1.860.324 y $4.244.314. Sobre la oferta laboral, el decano identifica una contradicción: “En general, en América Latina, existe un monopolio estatal, como en Finlandia. Es él quien contrata y forma a los docentes, en su gran mayoría; pero espera que el mercado se encargue de su regulación”.

En 2019, 25.000 personas se graduaron de licenciatura en el país, lo que representa una sobredemanda en comparación con las vacantes existentes. “¿Cuándo pueden ellos aspirar a trabajar para el Estado, que es el mayor empleador y el que, en general, mejor paga?”, se pregunta Bayona, quien recuerda que el 80 % de los profesores están en el sector oficial. No existe una regulación del número de aspirantes a licenciados, ni una para los profesionales que van a ingresar al mercado laboral.

“En otros países se controla la demanda: si se necesitan 100 profesores, se elige a ese número de candidatos de entre los mejores, se los financia y, al final, se los emplea, porque representan un beneficio social para el país”, agrega Bayona.

“EL PROCESO DE APRENDIZAJE Y ENSEÑANZA ES DINÁMICO Y EL DOCENTE DEBE ESTAR EN CONSTANTE CAMBIO”.

Melissa Cabarcas, licenciada en educación infantil.

El aporte desde Los Andes

La Universidad adelanta una apuesta por implementar cambios fundamentales y acelerar la transformación del sector, en donde los puntajes de admisión, la vocación y la práctica pedagógica juegan un papel importante.

Para empezar, los aspirantes a los programas de licenciatura deben tener, en los exámenes del Estado, un puntaje igual o superior al exigido por las carreras de la misma disciplina. Por ejemplo, si quieren estudiar Licenciatura en Matemáticas, su puntaje debe ser igual o mayor al exigido para Matemáticas Puras. “Este es un punto clave en los sistemas de alto desempeño en el mundo, como en Finlandia, donde los aspirantes a maestros deben estar en el 30 % de los mejores puntajes en las pruebas estandarizadas”, recuerda Bayona.

Este fue el caso de la primera generación de licenciados uniandinos, la cual se graduó en el primer semestre de 2020. Al principio, todos tenían en mente otras carreras. Incluso algunos alcanzaron a iniciarlas antes de elegir la docencia. Julián Franco comenzó Filosofía antes que Licenciatura en Historia, y Viviana García empezó Ingeniería Química y Matemáticas antes que Licenciatura en Matemáticas.

Ilustración: Edwcrudesign

En total, son cuatro los integrantes de esta primera generación de profesionales en educación, incluyendo a Natalia Galvis y Melissa Cabarcas, quienes se graduaron de Licenciatura en Educación Infantil y cursan una segunda carrera. Natalia está terminando Licenciatura en Arte, mientras que Melissa estudia Administración.

La vocación, el segundo elemento para la dignificación del docente, se relaciona con su deseo de ayudar a los demás. “Siempre quise estudiar algo en donde pudiera aportar a otros, dejar una huella o inspirarlos”, comenta Natalia Galvis, idea complementada por su compañera Melissa Cabarcas, y compartida por todos: “La educación nos permite formar buenos ciudadanos y seres humanos para así lograr una mejor sociedad”.

Finalmente, el programa académico comprende un fuerte componente de práctica pedagógica desde el primer semestre, en el que se van adquiriendo habilidades enfocadas en la observación y la reflexión del propio desempeño para desarrollar un sistema de conocimiento y de mejoramiento continuo. Así por ejemplo, se involucra a los niños en la construcción de las clases, lo que, según reflexiona Julián, es importante porque “deben entender que el profesor no es el único que sabe e, incluso, él también está aprendiendo”.

El aula cumple un papel de laboratorio de pedagogía. “El estudiante debe ser el centro y, a partir de las interacciones, se puede generar mejores comprensiones”, recuerda Viviana.

Además, las licenciaturas están estructuradas de manera que el componente pedagógico se imparte desde la Facultad de Educación, con las teorías, retos y herramientas para la práctica pedagógica; sin embargo, el conocimiento específico de cada área es impartido en la facultad o departamento correspondiente, sea en historia, física, matemáticas, artes, etc.

“Estamos preparando profesores adaptativos que puedan formar ciudadanos con la misma capacidad de adaptarse a los retos del nuevo siglo, teniendo en cuenta todas las incertidumbres que existen sobre hacia dónde va la humanidad”, concluye el decano Escallón.

QUIERO ENSEÑAR

 

La Universidad creó un programa de becas, que forma parte de Quiero Estudiar. Está enfocado en apoyar económicamente a los jóvenes colombianos que decidan cursar una licenciatura y no cuenten con recursos para hacerlo. Quiero Enseñar es un fondo de donaciones que cubre hasta el 95 % del valor de la matrícula. Eduardo Escallón hace un llamado a apoyar a más estudiantes: “Buscamos padrinos y madrinas en la sociedad que quieran hacer donaciones”.

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