Lítera: transformar lo que ocurre en las aulas desde los primeros años
¿Qué necesita una niña o un niño antes de aprender a leer?LÍTERA, una iniciativa del Grupo de investigación y formación en Educación para la primera infancia de la Universidad de los Andes, formó a 44 maestras y cuatro líderes pedagógicas de 11 colegios de Alianza Educativa. La experiencia puede alcanzar indirectamente a cerca de 1.700 niños y niñas cada año y ya dio origen a un nuevo proyecto que busca llevar estos aprendizajes a otras regiones del país.
¿Qué necesita una niña o un niño antes de aprender a leer?
La respuesta va mucho más allá de reconocer letras, repetir sonidos o empezar a escribir palabras. Detrás de la lectura existen habilidades lingüísticas y cognitivas que comienzan a desarrollarse desde los primeros años y que pueden fortalecerse intencionalmente desde el aula. Sin embargo, para hacerlo, las maestras también necesitan comprender qué ocurre durante ese proceso y por qué y cómo cada experiencia que proponen puede contribuir al aprendizaje.
Esa fue justamente la inquietud que dio origen a LÍTERA, un curso de formación en lectura, escritura y pensamiento diseñado por el Grupo de investigación en Educación para la primera infancia de la Facultad de Educación de la Universidad de los Andes.
La iniciativa surgió después de identificar un desafío frecuente en las aulas. Resultó que aunque las maestras contaban con buenos currículos y actividades para acompañar el aprendizaje de la lectura y la escritura, no siempre tenían claridad sobre lo que está detrás de estos procesos. Esto podía llevar a implementar algunas actividades de manera mecánica o rutinaria, disminuyendo las posibilidades de adaptarlas a las necesidades particulares de sus estudiantes. De la misma manera, al no comprender las bases teóricas, científicas y conceptuales para la alfabetización, las maestras carecían de herramientas para dar retroalimentación efectiva.
LÍTERA buscó cambiar esa lógica para pasar del “qué actividad debo hacer” al “por qué, para qué y cómo la estoy haciendo”.
Entender cómo se aprende para decidir mejor cómo enseñar
Entre el 28 de mayo y el 20 de agosto de 2026, 44 maestras de transición y primer grado, y cuatro líderes de área de 11 colegios de Alianza Educativa participaron en el proceso de formación, financiado por la propia organización y desarrollado con el apoyo de la Facultad de Educación y con Educación Continua de la Universidad de los Andes.
La formación combinó encuentros presenciales, acompañamiento virtual y trabajo aplicado en las aulas. Dos de los encuentros se realizaron en la sede Las Margaritas, en Kennedy, y otro en la Universidad de los Andes.
Pero el propósito no era únicamente transmitir conceptos sobre lectura y escritura.
A partir de evidencia sobre desarrollo del lenguaje, alfabetización emergente y ciencia de la lectura, las participantes profundizaron en las habilidades que preceden y acompañan el aprendizaje del código escrito y reflexionaron sobre cómo convertir ese conocimiento en decisiones pedagógicas concretas e intencionadas.
Uno de los ejemplos es la conciencia fonológica, es decir, comprender que las palabras están compuestas por sonidos que se pueden separar. El objetivo es desarrollarla intencionalmente mediante juegos de palabras y de sonidos del lenguaje, incluso cuando los niños ya han comenzado a acercarse a las letras y al código escrito.
Así, una actividad deja de hacerse simplemente porque aparece en un currículo. La maestra puede comprender qué habilidad está fortaleciendo y para qué, observar cómo están respondiendo sus estudiantes y decidir si necesita modificar la experiencia, profundizarla o plantearla de otra manera. Y esa capacidad de tomar decisiones es especialmente importante en transición y primer grado.
Aprender a leer y escribir son aprendizajes esenciales para la vida de cualquier ser humano pues constituye la base indiscutible para los aprendizajes posteriores. Al mismo tiempo, los primeros años son la etapa fundamental para el desarrollo lingüístico y cognitivo. Intervenir tempranamente permite fortalecer aprendizajes sobre los que después se construirán habilidades y conocimientos cada vez más complejos.
Una formación que llega a cerca de 1.700 pupitres cada año
El alcance de LÍTERA no termina con las participantes. Cada una de las 44 maestras (y las 4 líderes) a compaña grupos de 35 o 40 estudiantes. Esto significa que las prácticas desarrolladas durante el proceso pueden llegar directamente a las aulas de unos 1.540 a 1.760 estudiantes cada año.
Las profes pertenecen a los colegios Jaime Hernando Garzón, Miravalle, La Giralda, Santiago de las Atalayas, Argelia, Las Margaritas, Jorge Isaacs, Laurel de Cera, Parques de Bogotá, Ciudad Chengdú y El Nogal, instituciones educativas oficiales administradas por Alianza Educativa en diferentes zonas de Bogotá.
Además de fortalecer las prácticas individuales, el proyecto buscó abrir conversaciones entre maestras de transición y primer grado. Esta articulación es fundamental para lograr que el paso entre ambos niveles sea fluido y armónico y poder continuar con los procesos que los niños ya venían construyendo.
Durante la formación, las participantes compartieron experiencias, analizaron sus prácticas y diseñaron estrategias ajustadas a las características de sus estudiantes y sus contextos educativos. Luego llevaron al aula sus diseños, verificaron lo ocurrido y compartieron sus hallazgos con el grupo de compañeras, las profesoras de Lítera y directivos de sus colegios.
El propósito es que en el aula ocurra algo aparentemente sencillo, pero pedagógicamente profundo: que las profes sepan identificar qué están aprendiendo las niñas y los niños cuando juegan con el lenguaje, para qué sirve esa experiencia y cómo se conecta todo esto con el proceso posterior de aprender a leer y escribir.
De Bogotá a otras regiones del país
La experiencia se convirtió en la semilla de una iniciativa de mayor alcance: Jugar para leer, un nuevo proceso de formación que amplía los aprendizajes de LÍTERA e incorpora de manera más profunda el aprendizaje a través del juego para docentes de educación inicial comprometidas con la alfabetización.
Actualmente, Jugar para leer se está implementando en Florencia, Caquetá, y el equipo espera extenderlo a otras regiones del país.
De esta manera, lo que comenzó con 44 maestras de transición y primer grado en Bogotá abre la posibilidad más ampliade llevar el conocimiento producido desde la investigación educativa para informar las decisiones cotidianas que toman quienes están todos los días frente a un salón de clase. Jugar para leer es hoy la manera efectiva de diseñar experiencias alegres que aseguran los aprendizajes esenciales.
Porque detrás de cada niña y niño que comienza a descubrir jugando que una palabra puede dividirse en sonidos, que las letras representan algo y que ser ingenioso con el lenguaje también es aprender, hay una profe tomando decisiones.
Y tomar decisiones informadas y sustentadas es uno de los primeros pasos para transformar la manera en que los niños y niñas comienzan su camino para leer, escribir y comprender los textos.